Esta mañana la sangre ha llegado al río con Lucas. Todo ha empezado porque para variar no se da por vencido y cada vez que me ve online tiene que decirme algo, aun y no obtener nunca respuesta. Pero hoy, y no me preguntéis porqué, la ha tenido.
Gabino ya le había comentado que yo no quería proseguir con ningún tipo de relación más allá de lo estrictamente académica con él, ya que la ha cagado muchísimo conmigo y no estoy dispuesto a continuar con el jueguecito. Está con Gabino para darme celos, o mejor dicho, para intentar darme celos. Soy consciente que puede sonar muy pedante, pero hace algún tiempo, cuando yo mismo los presenté, Lucas lo dejó de vuelta y media, metiéndose con su físico, con sus ojeras y con la pluma que desprendía. Puedo parecer una despechada, pero en cierto modo lo soy, así que, hoy voy a seguir rajando de estos dos.
Con Lucas todo empezó con una serie de mails entre profesor-alumno que se salían de lo estrictamente académico. Íbamos a eso de mail diario en el trascurso de la semana, hasta llegar al jueves, cuando yo me acicalaba al máximo para asistir a sus clases. Una vez ahí las miraditas y los comentarios aludiendo a algún dato de mis e-mails en plena clase teórica me hacían experimentar una sensación increíble, una subida de adrenalina mezclada con la morbosidad que puede tener que un pivón de la talla de Lucas sea tu profesor, y basándose en la archiconocida relación profesor-alumno y su cantidad de usos en las fantasías sexuales de esta nuestra sociedad.
Así transcurrimos la mayoría del semestre, incorporando nuestros mensajes a móvil en las clases prácticas mientras él estaba corrigiendo a otros compañeros, o las continuas escapadas al Viena a comer, y nuestra manera de disimular si algún estudiante nos encontraba por la calle camino de la Universidad.
Recuerdo cuánto me gustaba Lucas y cuánto me gustaba su vida: recuerdo lo gracioso que estaba cuando se hacía el borracho con una caipiriña para poder hacerse el desinhibido y besarme; recuerdo cuánto me gustaba que me pasease en su deportivo, o que se arrodillase frente a mí mientras yo estaba desnudo sentado en su querida butaca tipo Eames de medio millón de dólares, (para los más morbosos podéis ver el modelo en http://karleagleman.com/wp-content/uploads/2009/04/eames-lounge-chair1.jpg). Recuerdo las veces que fui a visitarle a su casa mientras estaba post-operado, y el día que aparecí con su flor favorita, una orquídea que en la floristería habían dejado ridícula al cortarle el tallo; recuerdo cómo se rozaban nuestras rodillas cuando me invitó al mejicano, y recuerdo lo que llegué a aprender mientras me traía de vuelta a casa después de estar con él en su loft del centro. Recuerdo también su promesa de escaparnos un fin de semana a Vaqueira, y recuerdo cuanta ilusión me hacía poder pasar con él dos días sin tener que estar pendiente de su teléfono y de su secretaria.
Pero también recuerdo como las cosas se torcieron una vez volvió Adrián y me prometió que todo iba a cambiar, y me juró la luna antes de volver a desaparecer de nuevo e irse con Denís y dejarme a mi hecho polvo y nadando en un mar de dudas otra vez. Inconscientemente, mi corazón hizo resurgir los antiguos sentimientos hacia él y rechazó a Lucas… Justo en el momento que Lucas me pidió formalizar nuestra relación y yo tuve que negarme… Y desde ahí empezaron nuestros tira y afloja ya conocidos por todos mis más íntimos (con Gabino incluido).
Desde entonces, Lucas y yo nos liábamos cada vez que nos veíamos, entre una semana que pasaba yo y otra que pasaba él, hasta que me fui a Madrid y en el Ocho y Medio me lié con Lorenzo en toda la tarima y delante de Darío, que a la vez se liaba con Ismael el vallisoletano, y la misma noche que me encontré con Nacho y al verme se limitó solo a darme la mano de lo más formal posible después de tantos años… Y luego me vi obligado a contárselo a Lucas y cogió el rebote de ciento y la madre.
Poco después me encontré con Gabino por casualidad un día que había quedado con Ayleen y Carrie para ir a tomar un café; se ve que él también había quedado con alguien para ir a ver una exposición de fotografía con alguien que no me quiso decir… y cuál fue mi sorpresa encontrarme que su acompañante no era ni más ni menos que Lucas… Y desde entonces, lo primero que me decía al encontrármelo o bien por la universidad o bien cibernéticamente era preguntarme qué tal estaba Gabino y decirme que habían quedado de nuevo… Evidentemente para intentar darme celos de la manera más patética posible, que vamos, ni mi hermana Ida creo que se comporte así con sus novietes, y eso que tiene quince años, y no veintiséis como él.
Pues hecha la introducción y volviendo a tema, hoy me ha dicho que no quiere que trate así a Gabino, y que uno no elige de quien se enamora. Que ya no va a ser mi profesor, pero nos veremos en los tribunales presentando el Proyecto Final de Carrera, y qué porqué no quiero ser su amigo. Yo a éste lo tengo calao, es un pobre inseguro que cada vez que le dejan o cuando no consigue lo que quiere hace lo imposible por joder a la persona, y su táctica en mi caso es empezar por tirarle fichas a Justo y termina liándose con Gabino para así dejarme sin amigos, aunque no sabe que eso es imposible, y que lo único que hace es dejarse en evidencia. Que quieres, ¿recuperarme dándome celos? ¿intentar hacer algo que me joda? ¿o tal vez un pin?
La has cagado conmigo, bonito, la venganza es un plato que se sirve frío y sé donde te duele… Así que no me toques los cojones que “no tengo el chichi pa farolillos” y Adrián ya agotó el cupo de jugar conmigo como le dio la gana. Fin. Te desadmito, te elimino y adiós muy buenas.
Y si alguno o alguna piensa que si me pongo de esta forma es porque realmente siento algo por Lucas, decirle que está de lo más equivocado, solo que odio la gente de su calaña que no tiene respeto por nada ni por nadie, como Gabino, que lo único que hace es pensar con su miembro viril. Así que fijaros, tal para cual, a ver cuánto duran. Y de regalo por vuestra futura boda, el título de la entrada va por vosotros, majos: Cry me a river.
Esta noche sesión de Skype con Harold: Las clases orales de inglés funcionan perfectamente, y aunque son un poco largas -la de hoy desde las once y algo hasta las cuatro de la mañana-se hacen de lo más ameno, y aun más si tengo en pantalla completa un rubio de su calibre tumbado en su cama haciendo las mil y una tonterías y sacándome una sonrisa –a la par que alguna carcajada– con sus bromas y sus salidas. Y a ver si va a resultar que para mí, que sea un koala no va a resultarme ningún problema…
Jan Marshall
Publicado por DANA en abril 21, 2009 at 11:21 pm
Querido Marshall.
cada día me reitero en la frase ” todos son iguales” o para no generalizar tanto me quedaré con “casi todos son iguales”.
no puedo decir nada mas al respecto solo que le saqes mucho partido a esas clases orales