En honor a los rellanos

Una vez más me encuentro tumbado sobre mi cama, con el macbook sobre las piernas, con la tenue luz de la estantería sobre mi cabeza y la casi insignificante (y a veces tan insoportable) luz del equipo de música. Como casi cada noche -siempre que Ida nos lo permite-comparto cama con mi querido y fiel amigo, el que parece dormido, aun y estar constantemente pendiente de mi más mínimo movimiento para reincorporarse, y siempre manteniendo alguna parte de su pequeño cuerpo en contacto con el mío. Y si se me permite, puntualizo que mientras escribo esta entrada, voy comentando el día con mi amigo Toni Alcántara, el hijo revolucionario de “Cuéntame Cómo Pasó”… Parece que él también pasa de salir un sábado cualquiera.

Hace un rato me ha llamado Caín para contarme sus hazañas — sexuales entre otras — con Ezequiel y su chupete,  y qué casualidad, también les dio por bajar el calentón hormonal en un rellano de su portal, al más puro estilo Caye  y Alejo… Sin duda, la primavera la sangre altera, y parece que, con este tiempo, más alterados nos deja todavía.

Nos recuerdo a Nacho y a mí en nuestros años todavía más mozos, cuando nos rallamos de esa fiesta de Madrid y subimos a la planta de la azotea en vez de irnos a dar un paseo por las calles de Madrid: cómo nos tumbamos sobre los listones resecos de madera barnizada del suelo, cómo nuestras manos palpaban el cuerpo respectivo del otro hasta dar con la zona buscada; recuerdo cómo se encendía de golpe la luz en toda la escalera, y alguien salía de esa fiesta, pisos y pisos más abajo… Sin duda, una de las mejores experiencias de mi vida. Y reconozco que el rellano de mi casa tampoco se escapa de algún que otro calentón de madrugada, o de alguna que otra limpieza de última hora antes de acostarse… Y estoy orgulloso decir que mi rellano, aun y no tener suelo enlistonado, es un picadero en toda regla, porque no solo me ha acogido a mí y a Darío, también nos acogió a Nacho y a mí en su tiempo, a Juan y a mí, a Sergi y a mí, a Rubén y a mí … , si no también a mis queridos Elías y Laín durante la fiesta de disfraces de mi cumpleaños, que sospechosamente desaparecieron unos minutos mientras los demás acabábamos de disfrazarnos.

Dentro de poco tendremos que hacer la inauguración oficial, o alguno se llevará premio por ser el calentón número 100 (o el desatascador del mes). ¡Increíble! Y no os penséis que ha acabado, que en cuanto tenga la oportunidad y mi casa esté ocupada, Jordán y Harold son los siguientes en pasar.

¿Qué tendrán los rellanos? La respuesta parece fácil: oscuridad, tranquilidad, y (puntualizado vía online por Pablo) morbosidad. Ese morbo de hacer lo prohibido en un sitio medio público, donde cualquier vecino puede pillarte con las manos en la masa….Pero queridos Caye y Caín, hay que saber montárselo y que no te pillen infraganti! No vale quedarse delante de la puerta del vecino del  1A, hay que subir a la planta azotea (no creo que ningún vecino quiera subir a esas horas).

Pero no os penséis que cualquier rellano basta, por ejemplo, en el de Jordán sería incapaz de hacer nada, para empezar por los azulejos rollo Cuéntame que no me terminan de inspirar, y para terminar porque no hay posibilidad de esconderse, con esas cuatro puertas marrones orientadas al centro… Ahí hay que pasar la puerta para evitar posibles miraditas indiscretas. 8º2º. Tendré que recordarlo mañana.

Jan Marshall

Una respuesta to this post.

  1. Publicado por DANA en Abril 28, 2009 at 12:22 am

    Simpre dije que los rellanos son lo mejor..
    algnas veces claro.. si los azulejos hablasen…jajajaja

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