Cordón umbilical

No debería existir la memoria. Nos enfrenta a la vida que viene, nos obliga a comportarnos como viajeros de mundos que ya no existen. ¿Por qué habríamos de serles fieles si sabemos que no podremos regresar a ellos? ¿Y porqué después de todo cuando creemos que la tormenta ya ha pasado, que ya nos hemos recuperado y que ese sentimiento ya no existe sucede algo que hace ver que te equivocas?

¿Por qué somos tan frágiles? ¿Por qué nos agarramos siempre a esos ápices de felicidad aun y ser conscientes que los momentos malos los superaban? ¿Por qué nos empeñamos en auto convencernos que nadie entiende nuestro sentimiento? Y ¿Por qué siempre nos planteamos dar una y otra oportunidad a quien despiadadamente ha jugado con nosotros, quien nos ha utilizado?

Hoy estoy cabreado conmigo mismo, cabreado por sentir lo que siento y por plantearme lo que me he llegado a plantear.

Durante mis vacaciones en el Véneto me hallaba yo bebiendo e internacionalizándome con otros estudiantes (y ya amigos) de Lisboa y Ferrara en la plaza del Duomo cuando ya volviendo al hotel noté que algo vibraba en mi bolsillo: sin ni mirarlo, deslicé la tapa del móvil y ahí oí ese “hola…” con esa voz tan conocida a pesar de mis intentos de olvidarla.

El tiempo se detuvo unos instantes mientras notaba como en mi estómago se empezaba a formar una cierta mezcla entre alcohol y rencor la cual estaba convencido que me haría devolver en cualquier momento.  Visto la negativa de mi respuesta, la ténue voz continuó “te envié un mail hace unos días, pero me rallé porque no obtenía respuesta…”.

No. Otra vez no. No estoy dispuesto a volver al pasado, a volver a ilusionarme por algo inexistente. Me prometí ser fuerte y aprovechando mi estado de ebriedad aparente –putos portugueses la de mezclas que hacen con el alcohol– el desprecio y el rencor en mis palabras pareció salir solo, como si del vómito que había ocasionado anteriormente se tratara: en tono muy calmado y distante, le pregunté el motivo de su llamada y si no tenía a nadie más a quien llamar, puesto que yo estaba en Italia y que no había ni revisado mi correo.

Me pidió perdón y bromeó nerviosamente sobre el coste de la llamada. Acto seguido empezó su discurso, ya conocido para mí: me comentó que llevaba puesta mi camiseta, y que ya la había llevado anteriormente. Escuché como algún amigo suyo decía que yo estaba muy bueno –algo seguramente preparado con anterioridad– y empezó a decirme que había estado pensando que no lo había pasado bien últimamente…

Hasta que yo le corté, y seguí vomitando todo aquello que pensaba y que nunca me había atrevido a decirle. Sin importarme su réplica. Sin importarme herirle. Sin nervios, porque ahora era mi momento, ahora era yo el verdugo, y me daba igual sus posibles reinterpretaciones en su blog.  Le dije que yo hacía falta que siguiese hablando, que yo no era el juguete de nadie y que esta vez no iba a picar: que el movimiento, como dice mi amigo Caín, se demuestra andando. Que no quería que me volviese a llamar, que ya no significaba nada en mi vida; que tenía pareja estable (ehem…) y que si tenía problemas con Denís lo llamase a él y no viniese a refugiarse en mí, que a mi ya me había perdido hacía tiempo, que el juguete de Jan ya se había roto aun y mis intentos por volver a recomponerme. Le pedí que madurase de una vez y que aun y no saber nada de su vida, lamentaba que Denís estuviera pasando por esto, que sin conocerlo de nada más que de cuatro fotos de tuenti  me parecía un chaval muy legal y que no parece merecerse ser víctima de sus incongruencias y su inmadurez.

Me respondió algo sobre Denís pero yo no lo escuchaba, solo le recitaba todo lo que sentía como quien repasa la lista del supermercado. “Huevos, patatas, leche…” sin ningún tipo de sentimiento en ninguna de las palabras. Le expresé mi desprecio a su actitud en Madrid, y le pedí que dejase de perseguir a mis amigos y a mi propio ex, que dejase de tener esa actitud tan inmadura y le aconsejé que se preocupase por ser cada día mejor persona y que es preferible tener cinco amigos de verdad que no cientos que luego no están cuando les necesitas; le dije que debía aprender a valorar lo que tenía y a tratar a las personas por lo que son, no por lo que tienen. Que la amistad no es temporal, no va con las modas, y que reflexionara si se estaba rodeando de la gente adecuada, porque era (y soy) consciente que no soy el único juguete roto en su baúl, sé que hay más personas, tanto amigos y amigas como ex parejas, que no entienden de su  efimeridad.

Y en ese momento se cortó la llamada, y ya no supe nada más de Adrián en toda la noche, hasta el día siguiente que vi como el mismo mensaje aparecía como No Leído en todas mis bandejas de entrada. Pero tardé un par de días en leerlo, cosa que me enorgulleció al ver que ya no era el mismo Jan de antes.

“Espero que esta vez te llegue, aunque cuando has mencionado la palabra JUGUETE me has dejado TAN DESTROZADO que no sé siquiera si todavía quiero enviarte esto; dale gracias a las drogas que me impulsan a hacerlo…” En el mail, reconoce que se ha portado como un niñato y me asegura que ha crecido, pero es decisión mía creérmelo. Reconoce también que “he crecido lo suficiente como para asumir que no estaba preparado para todo lo que vivimos, para asumir que el papel se me venía un poco grande y que en muchas ocasiones me comporté como un niñato estúpido”.

Pete Dohertismos con las drogas, los justos.

Y pasados los días, parece que vuelve a estar instalado en algún rincón de mi cabeza, que nuestras peleas de almohadas en la cama del hotel, nuestros picnics en el parque de detrás de su casa o su cabeza reposando sobre mi hombro en el tren de vuelta después de un día de compras en la ciudad siguen instalados en mi corazoncito… Sigo viendo cosas que me recuerdan a él, sigo viendo Los Hombres de Paco y sigo escuchando Alicia Keys, aunque intente negármelo.

Quiero irme a cualquier otra parte, con un Adrián maduro que realmente valore lo que tiene a su lado. Y sé que si después de todo aun sigo con este sentimiento  es porque como bien me dijo un día Marta, aun no hemos cortado el cordón umbilical que nos une, ahora sé que el problema  es que ninguno de los dos queremos hacerlo.

Jan Marshall

3 respuestas a esta entrada.

  1. Publicado por Caín en mayo 17, 2009 at 10:44 pm

    arte, arte y ARTE tu blog!
    me declaro fan desde este preciso instante!
    tenemos que planear la estrategia de derrumbe de los rascacielos de los amores rotos!
    love u

    Responder

  2. Publicado por Ayleen en mayo 17, 2009 at 10:50 pm

    I (L) U MY LOVE!!

    Responder

  3. Publicado por DANA en mayo 19, 2009 at 9:03 pm

    Yo com Caín tb me declaro fan de tu blog, xq cada dia me sorpende mas y mas..
    Tu vida es una noria, una noria q poca gente entiende pero q yo sÍ.

    solo te diré una cosa:
    sigue tu corazon nada mas.
    Ahora..recuerda q el pasado sempre vuelve, en algun momento.

    (L)

    Responder

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.